El Hobbit (2012)

Volvemos a la Tierra Media y se siente como si nunca nos hubiésemos ido, pero también hay problemas, entre ellos la duración innecesaria.

No hay pan duro.
No hay pan duro.

El Hobbit comienza, siguiendo los mismos pasos (casi calcados) de La Comunidad del Anillo, con una introducción que explica lo que ha sucedido hace algún tiempo en la Tierra Media y lo que motiva a los personajes a iniciar esta aventura. Bilbo, dejando testimonio de sus aventuras a Frodo, pasa a relatar cómo y por qué los enanos de Erebor fueron expulsados de su hogar, perdieron a sus familias y terminaron vagando por toda la Tierra Media con su orgullo herido. Gracias a la iniciativa de Gandalf (otra vez un Ian McKellen que se nota la pasa bien interpretando al mago gris) llega una compañía de 13 enanos a la casa de un receloso Bilbo para enlistarlo en una aventura que probablemente no lo regrese vivo: los enanos quieren recuperar Erebor de las garras del dragón Smaug.

Para cuando Bilbo decide ir con los enanos ya ha pasado fácilmente casi un tercio de la película, Peter Jackson se toma su tiempo en introducirnos a una aventura que le tomará tres películas en contar. Lo bueno, eso sí, es que una vez que nos despedimos de Hobbiton las cosas mejoran considerablemente: hay vistas majestuosas, secuencias sorprendentes de ver en la pantalla grande (¿quién no se imaginó a los gigantes de roca cuando leyó el libro?) y un ritmo trepidante que sigue a los enanos a través encuentros con trolls, orcos, elfos, goblins y más orcos.

Claramente hubo cosas que Peter Jackson no pudo quitar a la hora de adaptar la historia, cosas que hacen difícil una adaptación al cine (no podría haber sacado a algunos enanos sin temer por su vida, por ejemplo), pero lo cuestionable es lo que decidió incorporar. Creo que las secuencias que de alguna forma apenas se mencionan en el libro (como la de los gigantes de roca) son estupendas adiciones a la película, la reviven y mejoran, pero hay otras que se sienten incorporadas solamente para rellenar. Esto afecta directamente el ritmo y el tono, con escenas muy dispares respecto de la que le sigue y además dejándonos con una duración de casi tres horas cuando perfectamente se podría haber reducido a dos.

Este es un poema muy lindo, Gandalf.
Este es un poema muy lindo, Gandalf.

Pero si hay algo que destaca (para bien) en El Hobbit, es el casting de Bilbo. Martin Freeman se adueña del rol, incorporando algunas maneras del viejo Bilbo de Ian Holm y agregando lo suyo, creando un personaje gruñón, inseguro y muy, pero muy cómodo, pero que sigue siendo atractivo. Bilbo es un tipo que siguiendo un extraño impulso se lanza a una aventura que le queda demasiado grande, pero que cuando descubre que las cosas de verdad son peligrosas ya no puede volver atrás, no porque se encuentre demasiado lejos de casa, sino porque su integridad se lo impide. Además, cuando llega el momento, Freeman puede expresar el valor que requiere el personaje, además de la gracia y el poco de malicia que necesita para vencer a Gollum en los acertijos. Todo eso está en la interpretación de Freeman.

En todo caso, el resto del casting es más que acertado. Ian McKellen la pasa bien como Gandalf y se nota, haciéndonos intuir el cansancio que mostraría más en El Señor de los Anillos, mientras que Thorin, el rey de los enanos, a pesar de que se la pasa enojado, también tiene un poco más de material que le da la profundidad de la que carecen los otros.

Gollum, por otro lado, ha sido perfeccionado tras 10 años de evolución tecnológica y se nota. Las texturas de su cuerpo y los tics de su cara son más que aparenter, pero no es sólo eso, ya que los avances esta vez permitieron filmar la escena de los acertijos con los dos actores. Ambos actúan la escena juntos y la batalla de acertijos se beneficia dando pie a la mejor secuencia de la película, una escena peligrosa porque carga con el peso de toda la trilogía anterior: aquí es donde Bilbo se adueña del anillo.

Bilbo, héroe de acción.
Bilbo, héroe de acción.

En cualquier caso, El Hobbit tiene magia, aventura, comedia, drama y mucha acción que resultan en un estupendo regreso a la Tierra Media. No es una película perfecta, ni siquiera es una montaña rusa perfecta, aunque lo intenta, pero sigue siendo entretenida. ¿Por qué? Porque tiene personajes entrañables, algunos que ya conocemos y otros que se ganan nuestro aprecio como espectadores, porque hay harta nostalgia e inventiva en este regreso a la Tierra Media, y mucho de esto hace que El Hobbit sea una mejor película de lo que tiene derecho a ser.

Notas, comentarios y spoilers:
– Sé que es un sacrilegio, pero yo habría reducido los roles de los enanos. ¿Eran necesarios los 13?
– Si las águilas salvaron a los enanos de los orcos y los dejaron en un risco ¿por qué no los llevaron directamente a Erebor?
– Otras escenas que yo habría dejado para la edición extendida: la introducción con Frodo, las partes de Rivendel relacionadas al Nigromante, los cantos de los enanos.
– Siempre es un agrado ver a Galadriel.
– ¿Se acuerdan que en La Comunidad del Anillo apenas veíamos a Gollum? Bueno, esta vez apenas le vemos la cola, la naríz y el ojo derecho a Smaug. Con la voz de Benedict Cumberbacht seguro que se roba la próxima película.

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