Los 80 – La Casa de los Papás T05E08 (2012)

Nuevo episodio de los 80 y quién lo diría, una mujer viene a salvar a Félix. No es que necesitase ser salvado, pero es innegable que el camino que estaba tomando, a pesar de enseñarle un par de cosas, lo alejaba de su único y verdadero amigo, generaba conflictos con su familia y en general lo convertía en un Félix distinto al que conocemos.

Pero me estoy adelantando. Los problemas de Juan en el taller continúan y desde el comienzo adivinamos que esos problemas no harán más que aumentar. Una de las operarias del taller le confidencia que Ricardo está muy interesado en vender el negocio, llegando al punto de mostrarlo a potenciales compradores. Juan no debería preocuparse mucho, ya que Ricardo no puede vender nada sin su firma, pero Juan se preocupa igual, después de todo, es el fruto de muchos años de esfuerzo y la promesa de un futuro mejor, de un ascenso social, de que el chorreo realmente funciona.

Pero las cosas con Ricardo no terminan bien y Juan no ayuda mucho cuando va a hablar con la viuda de don Farid. Juan, inexplicablemente, pretende que la señora controle a su hijo y lo deje administrar bien el negocio. Parece que Juan nunca puso mucha atención cuando su amigo le hablaba de su esposa, porque la señora no tiene idea de negocios y no tiene interés en enterarse tampoco, es por eso que deja todas las cosas en manos del inútil de su hijo. Juan nada obtiene de ella, pero Ricardo se sulfura cuando se entera y confronta a Juan. Las cosas no terminan bien entre los dos, Juan le dice un par de verdades a Ricardo y éste trata a nuestro héroe de roto, una palabra que sólo la gente como Ricardo considera un insulto.

Todas estas preocupaciones llevan a Juan a revisarse con un médico que le diagnostica estrés, una enfermedad que comenzó a reconocerse masivamente a finales de los años 80 a pesar de una larga historia que sobrepasa los 50 años. Para nosotros es fácil adivinar que Juan padece de estrés, pero para el personaje y todos los que vivimos en ésta década el estrés era algo nuevo, “la enfermedad de moda“, como dice el médico. Juan ha estado sometido a una gran presión en el trabajo y el hogar, sin mencionar todo lo que ha sucedido en temporadas anteriores. De hecho, es extraño que los realizadores no hayan vinculado todo lo que ha pasado antes con los Herrera a los episodios cardíacos que está sufriendo Juan ahora. Quizás hizo falta un reconocimiento a la historia de sufrimiento y esfuerzo de Juan y su familia y vincularlo a su enfermedad. En todo caso, el médico le recomienda dejar de fumar y Juan al principio le miente a Ana, pero termina cediendo y a partir de éste momento la serie inserta situaciones cómicas en la familia a expensas de Juan.

Claudia, por otro lado, se prepara para enfrentar el aniversario de la muerte de Gabriel y tanto la televisión como su propia cabeza le recuerdan que es una fecha triste y que más vale prepararse. Lo bueno es que los guionistas utilizan esto como excusa para acercarla a Ana, que contesta el teléfono cuando llama Néstor y se ofrece a acompañarla al cementerio. A propósito de Néstor, cuando Claudia asiste a la misa por el aniversario de la muerte de Gabriel aprovechan de hablar sobre el beso del capítulo pasado y dejan las cosas claras. Lo bueno es que Claudia expresa que Néstor nunca podrá superar a Gabriel (como si no lo hubiésemos sabido) y esperamos no saber más de Néstor porque la química entre él y Claudia sumaba 0 y el ritmo de la serie sufría por eso.

Por otro lado, mientras menos hablemos de Martín, mejor. Sigue con el mismo problema, separado de Paola, y ahora está celoso porque Paola decidió seguir adelante. ¿Qué esperaba Martín? ¿que Paola estuviera esperándolo en el departamento o lo fuera a buscar pidiéndole perdón?

Por último, Félix conoce a la mujer que probablemente le devuelva la fe en el amor. La chica se llama Sibila y viene de Suecia, sus padres son exiliados y acaba de llegar al barrio. Es una chica bastante especial y los realizadores recalcan esa idea a través de su vestuario, la música que escucha y en general la forma en que se expresa (“Félix, nombre de gato” jajaja).

Pero a pesar de todas las gracias y virtudes de este episodio, y son muchas, los creadores no pueden evitar caer en el mismo pecado que vienen cometiendo desde el inicio de la temporada: decir en lugar de mostrar. Al respecto hay tres escenas en que los realizadores optan por enrostrar al espectador con la idea de turno, obligando a los personajes a decirnos qué están sintiendo y qué tenemos que sentir nosotros. La primera de estas escenas es con Juan, donde cada vez que le va a pasar algo relacionado con el estrés introducen un sonido que simula el latido de un corazón. ¿Para qué? El espectador sabe que Juan está enfermo, la serie ha insistido con eso y ya entendemos que la presión a la que ha estado sometido, el cigarrillo y su estilo de vida sedentario le va a causar problemas cardíacos. Pero no, la serie quiere insistir por si a alguno de nosotros se nos había pasado de largo. Hubo un momento en que la serie pareció entender esto, porque dejan de lado el latido del corazón para reemplazarlo por un piano que acompañaba muy bien la idea sin resaltarla con luces de neón, pero ese esfuerzo pronto es olvidado.

La segunda escena es con Claudia, que cuando por fin va al cementerio al nicho de Gabriel se derrumba y exclama “¿Por qué me hiciste esto, Gabriel?”, acompañada de una música que te toma de la mano y te dice “vamos, llora con Claudia, porque esta escena es triste”. La escena en mi cabeza es mucho más potente con Claudia llorando y golpeando el nicho de Gabriel, sin música ni palabras. Hay una imposible soledad en Claudia y la música y sus palabras poco hacen para ayudarnos a entenderla.

La tercera escena es con Claudia y Martín, es la escena final, cuando ella llega y se encuentra con él fumando en el jardín. Juntos, como no habían estado hace tiempo, reflexionan sobre los problemas que tiene cada uno y ella dice “ya no es tan fácil“. El problema es que eso mismo que dice ella ya había sido expresado sólo con su actuación cuando ambos llevan a Ana Jr. a la cama de sus papás. Ambos, con sus miradas y gestos, terminan reconociendo la distancia temporal que los separa de su hermana menor y especialmente del tiempo en que ambos podían dormir con sus padres en la misma cama. Es una escena bonita, muy bien preparada (aunque algo dispar en la iluminación) y que transmite perfectamente lo que sienten los personajes, por lo que volver a insistir en ello al final del episodio se siente como un intento burdo por remarcar el drama y terminar con una nota agridulce.

Aparte de eso, fue un buen episodio.

Notas, comentarios y espoilers:
– Se corta la luz en la casa de los Herrera y buscan velas, pero nosotros vemos clarito y ellos también.
– Yo me acuerdo de ese póster donde salía la enfermera haciéndote callar.
– SIDA, no muera por ignorancia.
– Félix nos recuerda que todos nos vemos menos ñoños con la camisa arremangada.

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