Skyfall (2012)

Lo que más me gustó de Skyfall es que logra combinar casi perfectamente elementos del pasado de la saga de James Bond con una renovación de la misma y hace funcionar todo en una excelente película de acción que se ve espectacular.

La cinta comienza con Bond llegando atrasado a una habitación donde una operación de espionaje salió mal. Y aquí ya comienzan las bondades de esta película. Bond quiere quedarse a ayudar al agente malherido, sabiendo perfectamente que si no lo hace el sujeto morirá, pero M (una más que estupenda Judi Dench) presiona para que nuestro espía favorito recupere el disco duro con todos los nombres de los agentes encubiertos de la OTAN que un terrorista se ha llevado. Uno de los temas que recorre la cinta es el desgaste que provoca en los espías los años de trabajo en el rubro y Bond empieza a mostrar signos de fatiga. Lo que sigue es sencillamente la mejor escena de acción de la cinta y una de las mejores de toda la saga, pero que culmina con Bond medio muerto (tras un disparo hecho por una agente novata, un reflejo de otro tema de la cinta: lo nuevo versus lo viejo), pero aprovechando la ocasión para que todos los demás piensen que efectivamente está muerto. El tipo se escapa a una isla paradisíaca a matar las culpas con alcohol y sexo barato (o al revés), pero no pasa mucho tiempo para que tenga que volver.

Resulta que un sujeto del pasado de M la tiene en la mira y a todo el MI6, por lo que luego de un ataque terrorista Bond vuelve a Inglaterra para desenmascarar al atacante. Pero Bond ya no está en forma y la cinta juega con esta idea, mostrando a un Bond anticuado y alejado de los chiches tecnológicos, todavía herido desde que le dispararon y, hay que reconocerlo, en muy mal estado físico (aunque no se le nota, todos quisiéramos envejecer como Daniel Craig).

Skyfall, la película, es la combinación de las sensibilidades de dos viejos escritores de películas de James Bond y el director Sam Mendes (Belleza Americana). Aquí están todas las cosas que hemos apreciado en las últimas cintas de Bond: las secuencias de acción que no te dejan respirar, un personaje principal bastante bruto, pero que también puede encantar, la sensibilidad moderna (otra vez el terrorismo está en el trasfondo de la cinta) y los viajes por el mundo y locaciones exóticas para proporcionar el espectáculo escapista que esta misma saga fundó. Pero los autores también entienden que eso no basta para hacer una buena película (actual) de Bond, también tiene que haber una historia y tanto el trasfondo de toda la historia y sus guiños a un pasado (tanto de la saga como del personaje), como el villano logran que la cinta atrape más allá de las florituras visuales.

Javier Bardem interpreta a Silva, un ex espía y el villano villanísimo de la historia. El tipo no emplea subalternos específicos ni manos derecha que puedan hacer el trabajo sucio, sino simplemente anónimos mercenarios porque toda la atención está puesta en él. Este es un nuevo tipo de villano, un mercenario que cuenta con todas las habilidades y herramientas de un súper espía, pero que cansado de esa vida utiliza todas esas habilidades adquiridas (y otras más) para conseguir sus objetivos y su venganza. El personaje de Bardem sirve de espejo para James Bond porque muestra lo que provoca la vida del espía en los sujetos que la viven. Bardem, en el fondo, es en lo que Bond se pudo (y todavía puede) transformar. Bardem no tiene mucho tiempo de pantalla, pero logra utilizar esos minutos muy sabiamente. En su personaje están todas las lecciones que le vimos en No Country for Old Men, donde también hacía de villano, uno muy espeluznante, y muchas más. Su Silva es aterrador, encantador en su propio estilo, algo payaso y muy, pero muy egocéntrico. El sujeto está mal de la cabeza y se nota, pero gracias a Bardem no parece desquiciado, por el contrario, sigue siendo un hombre con un propósito muy específico y racional: la venganza personal.

Y Bond, toda la atención está puesta en Bond, en su pasado y presente. El pasado se repasa a través de guiños a tradiciones de la saga, como la incorporación de Q (el genio tecnológico) que ahora es más joven y perfectamente podría acompañar a Bond en una misión, el Aston Martin, Moneypenny, etc., pero también en la búsqueda del pasado de Bond, algo poco explorado por otras cintas, que incluye los traumas con los que ha tenido que cargar, la relación casi filial que existe con M y una visita al hogar de Bond que se siente apropiadamente fantasmagórica, rodeada de niebla y ubicada en un lugar casi imposible. Los traumas con los que carga Bond son los que lo tienen como está ahora, agotado, golpeado, casi irrelevante y la interpretación de Craig transmite eso. Craig siempre ha sido un buen actor (¿alguien lo recuerda en Camino a la Perdición con Tom Hanks?) y puede resultar fácil desestimarlo como un actor de acción, por lo que no debiese sorprender que componga a un Bond que sigue las mismas líneas de las anteriores películas, pero más viejo, desgastado física y mentalmente.

La gracia de la cinta, entonces, es que es una estupenda cinta de acción que por momentos logra convertirse en una cinta que escapa al universo de James Bond, siempre tan restringido por las mismas reglas que su éxito le impuso, pero que aunque cuenta con el mismo actor se siente como un reinicio de la saga, utilizando tradiciones de las películas anteriores para rendir tributo e incorporando nuevos elementos para proponer explorar un futuro que se ve muy excitante y emocionante.

Notas, comentarios y spoilers:
– Dos películas-espectáculo que he visto dos veces en el cine este año: The Avengers y Prometheus. Skyfall será la tercera.
– ¿Les dije que la cinta se ve espectacular? Si lo había dicho hay que decirlo de nuevo. El director de fotografía ha hecho un trabajo espectacular. La secuencia final se siente particularmente operática, tanto por todo lo que se resuelve como por la fotografía.
– ¿Vieron el martini, shaken not stirred? No lo mencionan de nombre, pero se ve clarito en una escena.
– Las secuencias de acción fueron dirigidas por un chileno: Alexander Witt.
– La escena en que Bond acecha y combate al francotirador en un edificio de Shanghai parece un homenaje a Blade Runner.

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