Los 80 “En esta casa no hay ratones” T05E04 (2012)

Ya estamos en el cuarto episodio de la quinta temporada de Los 80 y podemos decir con seguridad ya se presentaron los conflictos que mantendrán ocupados a todos los personajes y que a partir de ahora sólo queda desarrollarlos satisfactoriamente para que el desenlace sea todo lo que esperamos de los 80. En el mundo ideal, claro, porque no todo es perfecto. Para detectar el motivo de mis problemas con Los 80 hay que volver al principio: esta serie adoptó desde el comienzo un ritmo relajado, más contemplativo si se quiere, donde las cosas no suelen suceder de improviso. Hay una vocación de estudio de los personajes, una intención de dejarlos respirar en la pantalla. Este decisión creativa da más beneficios que pérdidas, pero una desventaja, quizás la mayor, es que los personajes se mueven lentamente, con un solo gran arco durante la temporada, pero el problema es que no está compuesto de mini arcos. Y otra consecuencia de esto es que casi podemos adivinar lo que va a suceder con los personajes.

Siguiendo esa idea, sabemos que Juan tendrá que lidiar con el hijo de don Farid y posiblemente tomar la difícil decisión de independizarse; Martín intentará sortear las dificultades en su relación con Paola; Claudia necesita superar el duelo por la muerte de Gabriel; Félix entra directamente a la pubertad y Ana… esperen, Ana no tiene ningún conflicto. Es cierto que Ana es la dueña de casa y todos los Herrera se apoyan en ella, pero no hay nada que le pertenezca a ella. Ana es, en lo que va de la quinta temporada, un personaje de apoyo, un secundario que está ahí para habilitar al resto, pero no debiera ser un secundario. Ella necesita crecer. Por ejemplo, en este episodio Ana está junto a Juan para recordarle que antes de ser un buen jefe debe ser un buen padre de familia y velar por el bienestar de sus hijos, está junto a Claudia para conversar sobre lo sucedido en la temporada pasada, está al lado de Martín para decirle cómo debe criar a su hijo y por último está ahí para regañar a Félix, pero ¿qué hace ella? Ya lo mencionaba en mi comentario sobre el primer episodio y sigo creyendo que Tamara Acosta está muy desaprovechada.

Pero ya entrando en la trama, la vida en el taller sigue su curso sin don Farid y Juan debe aguantar al pésimo hijo que crió su viejo amigo. Tanto es así que llega a ser un insulto para Juan ver a Ricardo sentarse en la silla de su padre. El sujeto es un flojo y no tiene idea de cómo manejar el taller y las desaveniencias entre ambos quedan de manifiesto casi inmediatamente cuando se niega a firmar las liquidaciones de sueldo de las operarias porque el bono prometido en el episodio anterior “es mucha plata”. Creo que Gonzalo Robles y los guionistas hacen un excelente trabajo al construir un personaje despreciable. Es cosa de ver cómo el sujeto se deja caer en la silla de su padre y ahí se queda sentado sin hacer nada. Y cuando Juan le entrega la carpeta con los papeles que debe firmar simplemente los deja a un lado porque “los verá después”. Parte de lo que hace despreciable a este sujeto es su manía de mencionar a sus amigos y conocidos, nombres que no significan nada para Juan. Ricardo es un sujeto con contactos, principalmente gracias a la posición de su padre, lo que lo convierte en el opuesto de Juan Herrera, el ejemplo de hombre y padre sacrificado que sin contactos ni “pitutos” ha logrado crear un negocio que rentable y proveer para su familia.

En este sentido, resulta curioso cómo Los 80 ha construido un universo limitado, firmemente anclado en una época y contexto, es cierto, pero poblado por pocos personajes que además se relacionan muy tangencialmente con personajes históricos de esos años. Ricardo, por ejemplo, pertenece más a un círculo extraño al de los Herrera, por lo que casi inmediatamente es rechazado por éstos (y nosotros). Supongo que es una idea interesante y volveré a ella más adelante.

En las subtramas menos interesantes, Martín sigue peleando con Paola por la forma en que ella debería cuidar a su hijo. Eso sí, no sé hasta qué punto estamos viendo los conflictos de dos padres que no estaban preparados para serlo o los de Martín con una persona extraña a su círculo familiar. Los conflictos entre ambos no son muy interesantes la verdad, pero al final del episodio nos dan una sorpresa con la idea de Paola de irse a Argentina. Si ella persevera con ese plan Martín debería sacudirse lo suficiente como para volverse un personaje más interesante.

Claudia, en tanto, decide visitar a la abuela de Gabriel y acercarse más a ellos, lo que no parece una muy buena idea para superar el luto ¿o no? El problema con Claudia es que sigue con cara de pena para todo y eso aburre.

Pero la subtrama más interesante fue la de Félix, con toda su preparación para acercarse a su amiga y pedirle pololeo (Félix, déjame decirte algo: uno no pide pololeo. Si empiezas con esa idea vas a terminar mal). Con esta subtrama los creadores aprovechan de comentar sobre los cambios en el comercio (el Almac le quita clientes al negocio de Don Genaro) y las diferencias entre las formas de apreciar la realidad de los jóvenes, diferencias que se reflejaban en sus preferencias por productos de la cultura popular. Félix prefiere a Los Prisioneros porque le gustan las letras (“una alegría triste y falsa”) y demuestra ser un niño más maduro de lo que su edad demuestra. En realidad esa chica que a él le gusta no lo merece.

Oh, y la decepción de Félix estuvo muy bien hecha, aunque se hubiera anunciado cuando se estaba peinando (¿para qué otra cosa sirve Paramar de Los Prisioneros?). Toda esa escena, desde que se encuentra con su enemigo en el negocio de Don Genaro hasta el momento en que lo ve besar a la niña que le gusta, se siente como una maldita jugada del destino y la forma en que la cámara en mano lo sigue cuando decide irse de la fiesta es perfecta porque transmite el nerviosismo, adrenalina y profunda decepción de ese momento.

Notas, comentarios y spoilers:
– Sí, no quise hablar más sobre Claudia a propósito.
– ¿No les parece raro que en el marketing gráfico no aparezca Claudia? Miren la página oficial.
– Quizás el negocio de don Genaro apenas se mantuvo vivo durante los 90 para transformarse en una sanguchería de barrio en los 2000.
– ¿Cinema? Qué grupo era ese?
– A Félix le gustan las letras de Los Prisioneros. Seguramente va a estudiar literatura.
– Ana: El perla quiere ir a una fiesta a mitad de semana y más encima es Corpus Cristi. Ana la ultracatólica.
– El pololo de la niña que le gusta a Félix se vestía como Marty McFly.

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