Moonrise Kingdom (2012)

Con Moonrise Kingdom Wes Anderson está de vuelta. Después de tomarse un descanso con la cinta animada The Fantastic Mr. Fox, Anderson vuelve a los actores “de carne y hueso” para contar una historia de amor entre dos niños bañada en comedia que le sirve como excusa para retratar los mismos temas ya forman parte de su filmografía.

La búsqueda de un lugar propio en el mundo, las familias disfuncionales, los adultos traumados, los hijos que se sienten perdidos y la comedia casi silenciosa, todo eso esta aquí, pero hay algo que hace que Moonrise Kingdom, a pesar de tener los mismos factores típicos de las películas anteriores de Anderson, logre obtener un resultado superior. Quizás sea la elección de la locación, una isla ficticia alejada de casi toda modernidad, y el tiempo, un 1965 bañado en kitsch y pop de aquella época y un diseño de producción que no parece artificial, todo filmado con encanto y agilidad. Tal vez sea la elección de los actores principales, dos chicos que a pesar de su inexperiencia, dan con el tono justo en sus interpretaciones, convirtiendo a esos niños de 12 años que se escapan para vivir juntos en algo más que una colección de tics, mañas divertidas y personitas casi adolescentes jugando a hablar como adultos. O probablemente sean los actores secundarios, algunos que han trabajado casi siempre con Anderson (como Bill Murray, siempre confiable) y otros nuevos que se alejan de sus personas cinematográficas para refrescar sus carreras y de paso la película (Bruce Willis, Edward Norton). O en una de esas es el guión, que proporciona la base para que los actores den vida a personajes de carne y hueso y para que el director nos mantenga interesados en la aventura de Sam y Suzy.

La cinta, afortunadamente, está contada desde el punto de vista de los niños, chicos con sensibilidad de adultos por culpa de sus padres (o la ausencia de ellos). Hay dolor y pena en Sam y Suzy. Ambos viven en una situación, Sam siendo huérfano y Suzy con unos padres cuyo matrimonio se deteriora cada día que pasa, que los hace sentir que no pertenecen, de modo que su propia personalidad y madurez los impulsa a buscar su propio lugar en el mundo, cada uno escapando, Sam del campamento de Scouts y Suzy de la casa de sus padres.

Estos son chicos que cargan con los secretos y pecados de los adultos. Sam, siempre incomprendido, debe vivir sin sus padres y aguantar a los adultos a cargo de la casa de acogida y los “hermanos” mayores, mientras que Suzy, siempre sola y acompañada de sus libros, debe cargar con el secreto del romance que su madre vive con el sheriff del pueblo y con un padre extraño y descariñado. Por eso no extraña que cuando ambos se conocen comiencen a intercambiar cartas, se enamoren a través de ellas y decidan escapar y vivir lejos, rodeados de naturaleza, alejados de las estructuras. Sam y Suzy son inseguros, tienen preocupaciones y sentimientos infantiles, no los niegan y Anderson tampoco duda en mostrarlos, pero también tienen un afán de crecer, de ser adultos que contrasta con los adultos de la cinta que se comportan como niños. La gran gracia de Moonrise Kingdom es que contruye una preciosa historia de amor a partir de dos niños desesperanzados y adultos destruidos y una comedia a partir de niños jugando a ser adultos y creciendo rápidamente y adultos de comportamientos infantiles, pero que también terminan aprendiendo una que otra lección.

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La cinta está poblada, ya sea de personajes, donde cada secundario tiene su momento de atención, como también de situaciones que suceden en el fondo del encuadre. Siempre hay algo que está sucediendo tras los personajes, capturando tu atención a pesar de lo que sucede en el frente. Estas son decisiones concientes de Anderson por lo que no disminuyen ni restan la atención de la película, sino que la hacen más chistosa y más completa. Moonrise Kingdom es una comedia que se ríe de los niños jugando a ser adultos y de los adultos jugando a ser niños (sí, me refiero a los Scouts). Hay momentos muy chistosos, ya sea algo que digan o hagan los personajes principales o algo que esté sucediendo en el fondo, algo que captura tu atención a pesar de lo que se encuentra al frente del cuadro. Esa es la comedia preferida por Anderson y aquí funciona a la perfección.

Nada de esto resultaría en una buena cinta si no estuviera comandada por un director particularmente inspirado. Después de la aventura animada de The Fantastic Mr. Fox, Anderson parece haber vuelto reactivado porque una de las cosas más disfrutables de Moonrise Kingdom es la agilidad con la que mueve y posiciona la cámara, la forma en que los actores se mueven a través de su campo de visión. La cámara de Anderson se mueve a través de las locaciones como si se estuviera moviendo a través de las hojas de un cuento y al mismo tiempo se siente como si estuviera filmando uno. O quizás filmando una ópera, si el vinilo de Suzy y la posición en que Anderson pone a sus personajes sirve de indicación.

Moonrise Kingdom es una cinta liviana, pero no por eso menos importante o satisfactoria. Tal como explica Leonard Bernstein en el vinilo que Suzy escucha al principio de la cinta, cada una de las partes de la película tiene su momento de brillar, con los actores, la cinematografía, el guión y la narrativa sumando un conjunto que es encantador, ingenuo y atractivo, una carta de amor a una época que es inevitable recordar con nostalgia (y con filtro instagram).

Notas, comentarios y espoilers:
– Fíjense en la secuencia del inicio. ¿Ven la incongruencia en el diseño del segundo piso de la casa y cómo se ve desde afuera? Al norte está la salita donde escuchan música, al este están las dos habitaciones de los niños y al sur está la escalera que da al mirador. Cuando la cámara hace un zoom out desde la ventana en que Suzy está mirando con sus binoculares se nota que no hay construcción de las dos habitaciones de los hermanos.
– Siempre es bueno ver a Harvey Keitel
– Debe ser la primera película filmada entera con un filtro instagram. Lo digo como un cumplido, porque realmente funciona para la película y la historia.
– ¡Francoise Hardy! La epítome de lo hipster.

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