Page One: Inside the New York Times (2011)

Page One: Inside the New York Post

Cualquiera que tenga un mínimo interés en la historia o el estado de la prensa escrita o, al menos, se interesa por leer un periódico de papel en estos tiempos de internet debería pensar en ver este documental sobre el periódico más famoso e influyente del mundo: The New York Times.

La cinta, dirigida por Andrew Rossi, nos lleva dentro del edificio del NYT para conocer la forma en que opera el periódico más importante de los Estados Unidos. Rossi comienza de manera previsible, mostrándonos imágenes de los rollos de papel esperando ser impresos o esas siempre atractivas tiras de papel pasando velozmente por rodillos metálicos. Pero pronto ya estamos con David Carr, quien a la postre resultará ser el protagonista del documental (después de su empleador, claro). Carr es un ex drogadicto (como el se preocupa de decirnos no una, sino dos veces) y un periodista atípico (una especie de viejo gruñón, soldado de muchas heridas y batallas) que se dedica a cubrir el mundo de los medios desde su columna en el NYT. Porque ese va a ser uno de los temas del documental: que el estandarte de la antigua prensa escrita haya tenido que inaugurar una sección dedicada a los medios en general (dentro de los que se incluye).

De hecho, la cinta va y viene entre dos líneas generales: por un lado el golpe que han sufrido los periódicos en Estados Unidos a causa de la irrupción de internet y los nuevos medios y por el otro el funcionamiento cotidiano del NYT, con sus periodistas escarbando notas y haciendo lo que todo el mundo conoce por periodismo. El problema de la cinta es que uno de los temas termina siendo infinitamente más interesante que el otro.

Cuando el documental se asienta en el funcionamiento diario del periódico o cuando se concentra en los seres humanos que lo han hecho funcionar durante todos estos años es cuando la cinta es más satisfactoria. Particularmente emocionante, por ejemplo, es la secuencia donde relatan los despidos y retiros voluntarios a los que muchas personas han tenido que acogerse porque simplemente ya no se les puede mantener en el equipo (el diálogo de la señora que llama para preguntar si baja sus cosas por el elevador normal o el de carga y su seguimiento es muy emotivo). Pero sin duda que las escenas más interesantes son las que muestran las reuniones en que todos los editores de las distintas secciones se reunen para decidir qué historias estarán en la primera plana del día siguiente. Aquí se ve la interacción entre los editores senior y los jefe de secciones y proporcionan una mirada directa de cómo se hace funcionar la primera plana del periódico más influyente de Estados Unidos y el mundo. Hay discusiones civilizadas, pero no carentes de tensión, sobre qué es lo que debería destacar la principal página del periódico.

El problema es cuando la cinta se pregunta qué pasaría si el NYT cerrara. Es una pregunta que todos parecen hacerse con particular morbo, pero nadie realmente cree que cerrará. Ni siquiera nosotros. Rossi nos cuenta que la situación en el mercado de los periódicos en Estados Unidos es muy precaria gracias a la internet, con diarios locales cerrando prácticamente todos los meses, pero no señor, no se le vaya a ocurrir a usted que el el NYT vaya a cerrar, porque el NYT cumple un rol irreemplazable, el mundo necesita al New York Times. En cierta medida es un argumento que podemos entender, ya que el NYT sigue siendo un periódico poderoso e influyente y con la clara misión de informar sobre el estado del mundo. Es un periódico que todavía se puede dar el lujo de enviar periodistas a zonas de conflicto como el Congo, Afganistán o Irak. Pero la cinta parece decirnos que sin estos antiguos medios no tendríamos investigaciones que derroquen gobiernos corporativos, que destapen escándalos o hagan investigación “como corresponde”. Una tesis que la misma cinta derrumba cuando, casi al comienzo, relata la forma en que Wikileaks se hizo famoso. El enemigo, entonces, son los nuevos medios que proliferaron gracias a internet. Medios que la cinta acusa, no sin razón, de replicar el contenido del NYT. Pero ¿de verdad ese es el peligro?

Se trata de un argumento que muchos parecen exponer sin darse cuenta que hay varios periódicos más que pueden hacerlo. El periodismo responsable, completo, universal y con una misión de informar la más completa de las verdades no es propiedad del NYT, pero nadie parece darse cuenta de eso y mucho menos sus propios empleados, incluido David Carr. El hombre que termina siendo el más interesante de todos los que se pasean por el documental, tampoco se da cuenta que está trabajando para un periódico más, por muy NYT que sea.

En general, se puede culpar al documental de pecar de desconcentrado. En un momento estamos hablando del golpe que ha significado para los periódicos la revolución de internet y todos los medios electrónicos, para después pasar a Afganistán, Irak, para después volver a algo relacionado con internet, después el estado de las cosas en el NYT. Es probable que sea un montaje ágil, pero peca de desenfoque, pasando de situaciones triviales a momentos “importantes” que no tienen mayor vínculo entre ellos, y no queda claro la relevancia de cada uno.

La discusión sobre el lugar que finalmente ocuparán los periódicos tradicionales en el nuevo paisaje de los medios en internet es una de las más interesantes actualmente, al menos para quienes seguimos leyendo los periódicos de tinta, pero ya estamos hartos de que nos digan cómo están las cosas, porque ya lo sabemos. Tal vez lleguemos a un punto en que ambos tipos de periodismo lleguen a coexistir armónicamente o tal vez los viejos medios finalmente logren adaptarse, pero eso no lo sabremos de Page One. Andrew Rossi se contenta simplemente con mostrarnos las dificultades del periódico y nada más.

Notas, comentarios, espoilers
-Es una lástima que nadie haya gritado ¡paren las prensas! Aunque tengo la impresión de que eso ya no se estila.

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