Películas: Get the Gringo

Get the gringo

¿Es posible disociar la persona Mel Gibson, el actor y sus interpretaciones, del Mel Gibson de la vida real, ebrio, racista y violento? No puedo hablar por ustedes, pero yo no tengo problemas para hacer esa distinción. Puedo ver sus películas antiguas, los clásicos de Mel, y también las nuevas. ¿Por qué puede ser un problema? Porque a primera vista, sus constantes apariciones en los noticiarios por motivos muy alejados al cine sí parecen afectar la calidad de sus proyectos o al menos la frecuencia con que los realiza. Estamos hablando de un tipo que entre 2000 y 2003 se despachó 8 películas. Pero luego vino su arresto y blah blah blah y sólo el 2010 volvió a protagonizar una película.

Entonces el tipo está más o menos en el camino de vuelta y Get the Gringo es parte de esa estrategia. Es, básicamente, una producción que intenta ponerlo de vuelta en el cine de acción. Y en ese sentido cumple su cometido a medias. Se trata de una película competente, pero que no tiene nada fuera de lo común.

El personaje de Gibson no tiene nombre y en realidad no es necesario. El tipo aparece en un automóvil escapando de la policía y la persecución termina del lado mexicano de la frontera. Todo parece ser normal y mera causa de engorroso papeleo, pero los policías mexicanos se percatan de los bolsos con aproximadamente 2 millones de dólares en el asiento de atrás del automóvil en el que Mel escapaba (disfrazado de payaso) y sus intenciones cambian. Nada de devolver al fugitivo, el tipo se queda en méxico y el dinero en manos de los policías corruptos.

Así es como Gibson termina en una prisión conocida como El Pueblito, una cárcel que ya no parece cárcel. Por supuesto que tiene todos los estereotipos de las prisiones que conocemos en el cine: el alcaide no manda, salvo para los medios y el exterior, porque el verdadero mandamás no es necesariamente el criminal más imponente, sino el tipo con mayor influencia y dinero, un narco. La gracia de El Pueblito es que, como en todas las prisiones, los encarcelados no pueden salir, pero sus familiares sí pueden entrar, de hecho pueden entrar y salir cuando se les da la gana, armar sus casas y sus negocios (hay un importante negocio de bienes raíces manejado por la familia que rije la cárcel), por lo que más parece una favela o población callampa que una cárcel propiamente tal.

Gibson, entonces, debe encontrar la forma de sobrevivir en semejante lugar, aprender los códigos y lograr salir para recuperar su dinero. Naturalmente no será una tarea fácil, los policías corruptos tienen su dinero, hay otros sujetos que también lo están buscando, un oficial del consulado de Estados Unidos se interesa por su caso, pero no por las razones más inocentes, etc. Por supuesto el personaje de Gibson tiene sus recursos y no pasa mucho tiempo hasta que se hace de un arma y un poco de dinero para sobrevivir. Es en este tipo de “actividades” del día a día que conoce a un chico con quien se lleva bien. Porque Gibson podrá ser un ladrón y matar a sangre fría cuando la situación lo amerita (varias veces en la cinta), pero no tiene problema en robarle a un ladrón y tiene un código moral que, por ejemplo, le impide fomentar el vicio del cigarrillo en un niño de 10 años o preocuparse por la madre de éste.

En ese sentido, este personaje parece una extensión del que interpretó en Payback, un tipo duro, capaz de matar y obtener lo que quiere a través de manipulaciones e ingeniosas escapadas, pero en ningún caso un superhéroe (sufre golpizas memorables, especialmente en Payback). De hecho, en ambas películas el tipo es un delincuente, un hombre que está del otro lado de la ley, pero que se enfrenta a sujetos peores que él, delincuentes, mafiosos y policías corruptos.

El trailer de Payback.

Si bien la película funciona como una competente cinta de acción es en su estructura donde están los problemas. Toda la parte situada en la cárcel funciona perfecto y destaca el tiroteo en plena cárcel y su desenlace (BOOM!), pero la secuencia situada en Estados Unidos no logra encajar ni con la atmósfera lograda ni con el ritmo en general que lleva la película, simplemente parece fuera de lugar. Y el desenlace parece apurado precisamente por toda la secuenca que le antecede ya que a esas alturas llevamos menos de 90 minutos de película. Finalmente, el conjunto tiene más positivos que negativos, pero no logra pasar más allá de ser meramente competente.

Comentarios, espoilers y otras cosas:
– El diseño de producción de “El Pueblito” es para alabar. Los realizadores logran crear la atmosfera necesaria con todos los recovecos de “El Pueblito”, sus paredes sucias, las casuchas y literas donde toda esa masa de gente deambulando vive y duerme.
– Las elecciones musicales son chistosas. Por ahí pasan charros, mariachis, manu chao y creo que hasta Los Fabulosos Cadillacs
– BOOM como explota el gringo con la granada.
– ¿Un cabro chico apuñalándose con un fierro? Gore.
– Hey! El corrupto oficial del consulado! Te he visto en alguna parte. Peter Gerety es lo que los gringos llaman “Character Actor”, un tipo que se especializa en secundarios, terciarios y hasta cameos, pero que son capaces de interpretar casi cualquier papel. Básicamente son los tipos que tu reconoces por la cara y dices “hey! ese tipo lo he visto en decenas de películas, pero no recuerdo como se llama”

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