¿Ateísmo vociferante?

El otro día me preguntaron por qué los ateos somos tan expresivos a la hora de demostrar nuestra “creencia” y a medida que respondía pensaba que sería mucho más fácil ponerlo por escrito y dejar que todas las ideas que se anuncian intempestivamente tengan un orden que haga más sencillo entender lo que entiendo yo por ser ateo. Cuando me preguntaron por el nivel con que expreso mi ateísmo (generalmente cuestionando todo o mostrando sólo el mínimo de respeto por los objetos religiosos, el mínimo de respeto que cualquier cosa se merece) lo hicieron comparándome con muchos cristianos que simplemente no molestan a nadie. Para ser justos, me cuestionaron después de usar una biblia como posavasos, un gesto que no habría hecho si no hubiera estado en la casa de un buen amigo que la usa como mousepad🙂

Pero antes de entrar a explicarme convengamos en que no todos los cristianos son tan pasivos a la hora de expresar sus creencias al mundo exterior (pienso desde panderos y gritos a la hora de siesta hasta autoridades eclesiásticas frenando proyectos de ley y ordenando a parlamentarios cómo votar) y de la misma forma no todos los ateos son agresivos en denunciar lo pernicioso de las religiones. El punto es que nosotros nos notamos más porque al parecer todavía es novedad que existan ateos y que no tengan miedo de cuestionar lo sacro.

Entonces, ¿por qué los ateos de ahora, a diferencia de los “de antes” son tan vocales? ¿Es sólo una percepción o odemos decir, objetivamente, que ahora hay más ateos que antes? Efectivamente, ahora hay más ateos. La libertad y los derechos civiles de los que gozan una gran cantidad de personas a lo largo y ancho del mundo (curiosamente en países con Estados no confesionales, aunque esta relación no es absoluta, claro) nos permite educar y transmitir el ateísmo a través de diversos medios, desde la educación de los padres a sus hijos como medios de transmisión masivos, como libros y películas. Además, la cantidad de personas educadas ha aumentado en relación a 1 o 2 siglos más atrás. Mayor educación = mayor racionalidad = menos religión.

Pero volviendo al siglo pasado, ¿cómo era vivir el ateísmo? Nuestros antepasados ateos vivían en sociedades muy distintas a las que experimentamos actualmente. Los ateos de antes debían vivir escondidos por miedo a las represalias sociales que eran consecuencia de declararse abiertamente ateo. Y cuando la Iglesia ya no era lo suficientemente poderosa como para mandarte a la hoguera por hereje igualmente debían esconder su ateísmo porque la presión de una sociedad muy religiosa era suficiente para temer por el futuro laboral y social. Pero no solo los ateos sufrieron esa persecución nefasta, porque básicamente cualquier conducta o condición que no se ajustara al rígido esquema promovido por la religión era castigada.

Cómo no voy a sentir placer, un orgullo exquisito, al expresar lo que muchos de los que vinieron antes que nosotros no pudieron. Así, cada vez que abiertamente declaramos nuestro ateísmo estamos, en parte, aprovechando la libertad que nuestros antepasados carecían y llevando su lucha a través de nosotros. Ahora sí que podemos ejercer nuestro ateísmo sin tener miedo a que nos despidan de nuestros trabajos o que a nuestros hijos los acosen o discriminen. Con el paso del tiempo los ateos también salimos de nuestro clóset. ¿Quién no se siente orgulloso de eso?

Otra parte que puede explicar nuestra afición por expresar nuestra no-creencia, es que nos tomamos en serio el trabajo de denunciar a la religión como lo que realmente es: un pensamiento mágico que de alguna forma poco inocente se organizó y se transformó en una institución. Para que entiendan, no sólo denunciamos el pensamiento mágico en sí, que útil que es, no tiene lugar en el ámbito público-político de nuestra vida organizada, también denunciamos su brazo organizado que se aprovecha y esclaviza a las personas.

No estoy usando una metáfora. La historia de la iglesia católica está bañada con sangre de esclavos, sazonada con luchas de poder, guerras, dinero y riquezas que hasta el día de hoy la separan irremediablemente de su discurso. No es difícil pensar en la influencia que tiene ese brazo organizado en las políticas mundiales, nacionales y locales y tampoco es difícil recordar todas las veces que esa influencia fue utilizada para beneficio propio. De modo que la mayoría de los ateos sentimos que es nuestra repsonsabilidad denunciar y educar en contra de la religión. Y un poco de eso hay en cada gesto o expresión de nuestro ateísmo.

Pero ojo, nuestros ataques no se dirigen siempre al catolicisimo y sus practicantes. Estoy seguro que si hubiera nacido en un país con otra religión sería esa el principal objetivo de mis críticas, pero hey! al menos el católico no me mata ni me manda a la cárcel por decir que dios no existe.

Expresamos nuestro ateísmo porque nos preocupa el Estado, esa institución imperfecta que básicamente asegura que no descendamos a la barbarie. Pregonamos en contra de la religión y su brazo organizado para defender nuestra vida civil pública, porque creemos que la libertad de creer en una religión también incluye la libertad de creer en ninguna. Y la única forma de garantizar esa libertad es a través de un Estado laico. Con políticas públicas destinadas a todos los ciudadanos, sin importar su credo.

Pero también la atacamos en un sentido superior, cuando nos preocupamos de la humanidad como tal. Lo sé, puede sonar grandilocuente, orgulloso y hasta pedante, pero sigan leyendo (si es que no pararon antes). Es aquí cuando denunciamos a la religión es su pernicioso efecto en el desarrollo humano. Es la religión la que se encuentra detrás de atrasos tan patentes como la prohibición del aborto, el matrimonio heterosexual y hasta hace poco el matrimonio indisoluble y la estúpida y odiosa distinción entre hijos naturales, ilegítimos y legítimos, por nombrar sólo algunas de las luchas en contra de la religiosidad. Desde su transformación en una religión organizada ha estado detrás de cada uno de los acontencimientos que nos han impedido desarrollarnos como humanidad. Es evidente el retraso de 1000 años en desarrollo humano que provocó (en parte) la religión católica desde su adopción por el imperio romano hasta que logramos salir de la edad media. ¿Quieren imaginar dónde estaríamos con esos 1000 años de desarrollo humano, cultural y tecnológico?

Es cierto que la religión ofrece consuelo ante la imposibilidad del mundo que nos rodea y es eso lo único que podría justificar su existencia, una especie de cuento o historia contada con la sola finalidad de apaciguarnos (¿les suena familiar?) pero también es una posición de comodidad e hipocresía intelectual que como adultos no podemos tolerar. Es demasiado fácil contentarse con que alguien o algo comanda nuestros destinos, de modo que no tenemos que preocuparnos por las consecuencias de nuestros actos, ¿cierto? De ahí que como ateos pensamos que no es recomendable enseñar a nuestros hijos en el camino de la religión.

Lo que me lleva a la tercera razón para explicar la pregunta inicial.

 

Verán, como seres humanos experimentamos nuestra realidad a través de nuestros sentidos. Comenzamos a hacerlo desde que nacemos, incluso antes. Esta es la forma más básica de percibir lo que nos rodea y comenzamos a utilizarla desde antes de nuestro nacimiento. Nos acompaña durante toda nuestra vida. Tocamos, vemos, olemos, escuchamos. ¿Por qué, entonces, cuando ya entran en la adultez algunos humanos deciden abandonar esta forma de entender el mundo para dejarla por el pensamiento mágico? ¿Por qué inflinjimos ese pensamiento mágico en nuestros hijos? Es fácil imaginar el cerebro del religioso dividido en 2 partes: una para experimentar la vida través de los sentidos, que ocupa en el día a día y otra en que abandona completamente la objetividad y se rinde a la fantasía y espiritualidad.

¿Puedes funcionar así honestamente? Creo que no. Hagan un ejercicio y díganle a alguien que se vende los ojos, se tape los oídos y abandone el sentido del tacto y lo estarán aproximando a lo que realmente significa vivir la vida a través de una religión. ¿Quieres sentir esa micro que viene hacia tí con tu corazón? ¿por qué no esperas que Dios te ayude a cruzar la calle (no vale que alguien físico te lleve, eso es hacer trampa)? ¿Alguien dijo hipocresía?

El ateo cree que es hora de que como sociedad dejemos atrás la fantasía de la religión y nos hagamos cargo de verdad de nuestro desarrollo como humanidad. Así como cuando maduramos y dejamos atrás la infancia nos hacemos más racionales y responsables de nuestros actos y nuestro desarrollo. Seamos honestos, intelectualmente honestos.

Es eso lo que buscamos cuando hablamos en contra de la religión. En el fondo no nos burlamos de quienes profesan una religión, no se trata de una afrenta dirigida intencionalmente a la persona, al menos no la mayoría de las veces, sino que de la religión misma. Creer en Dios es exactamente igual que creer en un unicornio rosado. Y eso sí que es ridículo, pero al menos los unicornios rosados apoyan el matrimonio homosexual.

Importante: dejo en claro que nadie tiene derecho a decirle qué creer a otra persona.

Un comentario en “¿Ateísmo vociferante?

  1. Hola Carlos!

    Déjame decirte que cometes una serie de falacias lógicas, por ejemplo, acusas a la idea por lo que han hecho de ella aquellos que dicen ser sus defensores.

    Es decir, sería algo así como criticar la Libertad por lo que se ha hecho en su nombre en Irak.

    Al mismo tiempo sostienes que a mayor educación menor ‘pensamiento mágico imaginario’ tiene el indivíduo, lo cual es precisamente lo contrario, a mayor introspección, a mayor análisis de la realidad circundante, más Necesario (en el sentido aristotélico del término) esla idea de Dios.

    Por último déjame decirte que incurres en uno de los errores típicos de todo ateo, negar los absolutos mientras se emiten absolutos.

    Dios te bendiga!

    :]

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