Películas: Young Adult

El otro día por fin me hice de ánimo para ver Young Adult, la última película dirigida por Jason Reitman (quien lleva un excelente registro con Thank You for Smoking, Juno, Up in the Air), además escrita por Diablo Cody (ex stripper convertida en guionista ganadora del Oscar por Juno) y protagonizada por Charlize Theron.

Mi retiscencia a ver la película no de debía a ninguno de los principales responsables de ella, sino más bien a su historia o tema principal: Una escritora fantasma de literatura juvenil (en inglés se les denomina Young Adult Literature o simplemente Y.A.), ex reina de la secundaria y persona más atractiva del pequeño pueblo de donde salió, que ahora vive sola en un departamento acompañada de un pequeño perro y más preocupada de beber hasta tarde que de su cualquier otra cosa. No me malinterpreten, no se trata de alguien que bebe para inspirarse ni ocasionalmente. El personaje de Theron es derechamente una alcohólica. Su completa despreocupación por su bienestar está seguramente a pasos de resultar en alguna fatalidad. Pero en un arranque de evasión decide volver a su pueblo a natal a recuperar (de todas las cosas que se le podían ocurrir, ésta fue la que escogió) a su ex novio que está felizmente casado y con un hijo recién nacido.

¿De verdad quería ver una película en que el personaje es tan detestable? ¿Quería enfrentarme a una historia que posiblemente terminaría en una escena en que Charlize finalmente comprende su inmadura forma de actuar y, de una escena a otra, crece como persona? La respuesta era no. Los riesgos de enfrentarse a una actuación llena de clichés y de presenciar un final feliz inmerecido hicieron que renegara de ella por algunos meses.

Pero la película venía precedida de excelentes críticas y reseñas, muchas de ellas alabando no sólo la actuación de Theron sino de su acompañante: Patton Oswalt, el último de una serie de comediantes probando roles dramáticos. Así que finalmente cedí.

Lo que me gustó de Young Adult es que, salvo hacia el final en una escena muy específica, nunca cede al facilismo de mostrar el personajde Charlize Theron como menos de lo que realmente es: una alcohólica amargada y presa de sus delirios de grandeza. A estas alturas de su vida la depresión ya llegó, la realización de que los mejores años de su vida ya pasaron y que no puede cosechar mucho de lo que en ellos sembró. El alcoholismo es sólo una vía de escape, como lo son los esporádicos amoríos que tiene con hombres casi desconocidos. Es por eso que cuando recibe un correo electrónico de parte de su ex novio de la escuela notificándole, a ella y a un montón de otras personas, presumiblemente en una desafortunada cadena de correos (en serio, ¿quién hace eso ahora?), que acaba de tener un hijo, ella decide ir a rescatarlo. ¿Rescatarlo de qué? De la depresiva vida que ella asume que él lleva, en ese pueblo donde nada realmente sucede. Él debería estar con ella, conquistando la ciudad. Juntos es como pueden lograr ese potencial que apenas vislumbraban en la secundaria y que ella nunca alcanzó en solitario.

Es cuando llega al pueblo que se encuentra con Patton Oswalt, interpretando a un ex compañero de la escuela. Pero ella no lo reconoce y es él quien tiene que recordarle quién es ahora y quién fue antes. Él era de esos compañeros que pasaban desapercibidos para los más populares del grupo, invisible a pesar de tener sus casilleros uno al lado del otro. Pero es con él con quien Theron logra una química particular. En el comienzo es confensándole su plan de destruir el (fracasado, ella supone) matrimonio de su ex novio, para más tarde transformarse en compañeros de salidas a beber. Oswalt está perfecto como el trágico ex compañero a quien todos creían gay sólo por ser gordo y tímido. ¿Cómo es que dos personas tan distintas logran juntarse años después y compartir como cómplices algunas botellas de alcohol hecho en casa? Juntos comparten bebidas, pero no mucho más. Theron sigue tratándolo como el compañero insignificante, a pesar de que ahora son básicamente iguales, él viviendo junto a su hermana y ella persiguiendo un sueño que ya terminó.

Pero Theron se dirige con seguridad al momento en que se enfrenta al objeto de sus macabro plan: Buddy Slade, el ex que se casó con otra. Buddy sencillamente superó la secundaria. Ahora trabaja en una industria y es padre responsable. Theron quiere madurar, pero subiéndose a los hombros de otro que ya lo hay hecho. No hay un recorrido personal, no es eso lo que ella quiere.

Y es ahí donde tengo mi principal problema con la película. Es la escena en que finalmente Theron toca fondo. Durante toda la película la actriz logra un retrato sutil de una mujer que alguna vez lo tuvo todo y, lo peor, todavía actúa con el empoderamiento de esos años, pero que está al borde del colapso, alcohólica y sola, apenas manteniéndose cuerda escribiendo un libro que detesta y que, oh, la ironía, antes fue popular, pero ya no lo es. Toda esa difícil interpretación se va abajo cuando llega la hora de los gritos, las miradas de ira y la sobreactuación.

Lo bueno es que ese bache dura poco. A la escena siguiente vuelve a ser la mejor actriz, mostrando sutilmente todas las capas de soledad y desprecio que es su personaje y que durante el resto de la película sólo insinúa.

La película me gustó. No es perfecta, pero tiene dos actuaciones muy bien realizadas y mantiene el pulso firme en el personaje que nos interesa, sin caer en demasiados clichés.

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